




La paleta cromática es silenciosa y atemporal, dominada por tonos arena, grises cálidos y beiges minerales, que permiten que la arquitectura respire y que la luz sea protagonista. No hay contrastes estridentes: el proyecto apuesta por matices, sombras y transiciones suaves.
La materialidad es honesta y sobria: textiles naturales de grano visible, superficies pétreas y maderas oscuras trabajadas en acabados mate. Estos materiales aportan profundidad táctil y visual, evitando cualquier gesto ornamental innecesario. Los elementos decorativos son mínimos y precisos, utilizados como acentos y no como protagonistas.
La iluminación está cuidadosamente estratificada. Se combinan luz indirecta perimetral, focos puntuales y aportes de luz natural a través de grandes paños vidriados. Este manejo genera una atmósfera cálida, envolvente y realista, donde el espacio cambia a lo largo del día sin perder coherencia. La luz enfatiza planos, obras de arte y recorridos, acompañando la arquitectura sin imponerse.
Finalmente, el interiorismo establece un diálogo fluido con el exterior, integrando paisaje y arquitectura mediante transparencias y continuidades materiales. El resultado es un espacio sereno, sofisticado y profundamente habitable, donde el lujo se entiende como calidad espacial, equilibrio y silencio visual, más que como ostentación.

