




Arquitectura
La arquitectura se define por líneas puras, proporciones precisas y una materialidad honesta. El uso del hormigón visto en cielo, la piedra y los revestimientos minerales construyen una base sólida, casi tectónica, que transmite permanencia y calma. La apertura central hacia el patio introduce la naturaleza como parte estructural del espacio, no como un gesto decorativo, sino como un elemento arquitectónico esencial que regula luz, aire y ritmo.
Interiorismo
El interiorismo refuerza esta lógica de sobriedad radical. No hay elementos superfluos: cada mueble, textura y objeto cumple un rol funcional y sensorial. La madera natural aporta calidez y equilibrio frente a la crudeza del hormigón, mientras que los textiles neutros y las piezas de diseño contenido generan una atmósfera serena y atemporal. El mobiliario se percibe bajo, estable, cercano al suelo, favoreciendo una relación íntima con el espacio.
Atmósfera
La atmósfera es calma, contemplativa y profundamente humana. El silencio visual permite que la luz, las sombras y la vegetación sean los verdaderos protagonistas. El espacio invita a detenerse, a bajar el ritmo y a habitarlo sin prisa. No busca impresionar, sino hacer sentir.
Sello de diseño
El sello está en la austeridad sofisticada, en la contención formal y en la coherencia total entre arquitectura, interiorismo y paisaje. Es un diseño que confía en la materia, en el tiempo y en la imperfección controlada. Todo parece haber estado siempre ahí.
Objetivo y fin de la construcción
El objetivo de esta construcción no es el lujo entendido como exceso, sino el lujo de la calma, del espacio bien pensado y de la conexión con lo esencial. Es un lugar concebido para el descanso profundo, la contemplación y el encuentro, donde la arquitectura y el interiorismo trabajan juntos para restaurar tanto el cuerpo como la mente.

