El diseño interior está definido por volúmenes bajos, geometrías puras y mobiliario integrado, que parecen surgir del propio espacio más que ser incorporados posteriormente. No hay elementos superfluos: cada pieza cumple una función espacial, visual y sensorial. Las estanterías, nichos y bancos se integran a los muros, reforzando la idea de masa, peso y permanencia.
La iluminación es clave en la atmósfera del proyecto. Se trabaja de forma indirecta y puntual, enfatizando planos verticales, texturas y recorridos, generando una sensación envolvente y cálida, especialmente en la transición entre interior y exterior. La luz no busca protagonismo, sino acompañar y acentuar la arquitectura.
Finalmente, el interiorismo establece un diálogo fluido con el exterior, diluyendo los límites mediante grandes aperturas, patios y terrazas. El resultado es un espacio contemplativo, sereno y profundamente habitable, donde el lujo se entiende como calidad espacial, materialidad noble y silencio visual, más que como ostentación